Innovación de bajo coste que salva vidas: el ejemplo de una incubadora española reconocida a nivel internacional

En el mundo de la salud, no todas las soluciones que salvan vidas vienen de grandes laboratorios o multinacionales tecnológicas. A veces, una idea sencilla, nacida de una necesidad real y ejecutada con ingenio, puede tener un impacto global. Es lo que ha demostrado Pablo Sánchez Bergasa, ingeniero español premiado con el Premio Princesa de Girona 2025, por crear una incubadora neonatal de bajo coste que ya ha salvado miles de vidas en más de 30 países.

Una solución a un problema que sigue matando en silencio

Cada año, más de un millón y medio de recién nacidos mueren en el mundo por falta de acceso a incubadoras. Un dispositivo que en países desarrollados forma parte de cualquier unidad neonatal, sigue siendo inaccesible en buena parte del planeta debido a su coste y a la falta de mantenimiento técnico especializado.

Ante esta realidad, Sánchez Bergasa desarrolló in3ator, una incubadora funcional, robusta y fácilmente replicable, que puede fabricarse por unos 350 euros, frente a los 30.000 o más que cuesta una unidad convencional. Su diseño combina electrónica básica, impresión 3D y materiales accesibles, y se ofrece en formato de código abierto, para que cualquier comunidad o centro sanitario pueda replicarla en un taller local o Fab Lab.

Tecnología simple, impacto profundo

Hasta hoy, más de 200 in3ators han sido distribuidos por ONGs, hospitales y redes de salud en países como Perú, Senegal, Líbano o India. Se estima que han acumulado ya más de 30.000 horas de funcionamiento y han ayudado a salvar a cientos de bebés prematuros que, de otro modo, no habrían tenido una segunda oportunidad.

El modelo no solo es funcional: es educativo y comunitario. Se construyen en centros de formación profesional, involucran a estudiantes, generan conciencia social y ofrecen soluciones técnicas allí donde no llegan los grandes proveedores. El impacto, por tanto, no es solo médico: es también social, formativo y transformador.

Un obstáculo habitual: la falta de financiación para fabricar

Paradójicamente, uno de los grandes retos a los que se enfrentó el proyecto no fue el diseño, ni la validación técnica, sino la falta de financiación para producir las incubadoras a escala. A pesar del reconocimiento internacional, Pablo Sánchez Bergasa tuvo que buscar apoyos en entidades sociales, redes educativas y organizaciones voluntarias, ya que los circuitos de financiación convencional no contemplaban este tipo de innovación “frugal”.

Aquí es donde se evidencia la importancia de contar con mecanismos estructurados de apoyo a la innovación sanitaria, como el programa Horizonte Europa, el PERTE de Salud de Vanguardia en España, o las líneas específicas del CDTI, que podrían permitir que soluciones con un potencial de impacto tan alto no queden bloqueadas por falta de inversión inicial.

La innovación no siempre necesita ser compleja

El caso de in3ator recuerda que innovar no es sinónimo de sofisticación técnica. A veces, el verdadero valor está en resolver un problema concreto con inteligencia, empatía y sentido práctico. Y también deja claro que, sin estructuras que acompañen, financien y escalen este tipo de soluciones, muchas ideas brillantes quedan atrapadas en el camino.

Es por eso que resulta fundamental que las políticas públicas y los programas europeos de I+D+i sigan apostando por modelos de innovación que combinen impacto sanitario, viabilidad económica y escalabilidad social. Porque no se trata solo de descubrir lo último en biotecnología o inteligencia artificial. También se trata de identificar las ideas que, por simples que parezcan, pueden cambiar miles de vidas.